Negro con corazón de blanca

Inconsciente, se miró en el espejo esperando un color que no existía, un pelo que no tenía, un mundo que conocía pero que nadie aceptaba como suyo.

Violeta era una niña partida en dos. El convencionalismo nunca fue su fuerte. Se integraba pero siempre distinguida. Formó parte de todo sin ser nada.

Sus amigas fueron niños, su deseo, a veces, fue ser niño. Parecía más fácil. No se les exigía tanto: ni ir tan arreglados, ni juntar las piernas , ni ser tan educados, ni sonreír tanto, ni abrazar, ni callar, ni bajar la mirada…

Sus amigos fueron blancas, su deseo fue ser blanca, parecía más fácil. No se les preguntaba tanto: ¿Eres adoptada? ¿Tu padre es negro? ¿De dónde eres? ¿Hablas catalán? ¡Qué integrada que estás! ¿Has estado en África?

NO JODER, NO HE ESTADO.

Siempre dando explicaciones. Mi padre es blanca y mi madre es negro. ¿O será al revés? Preguntáis tanto que confundís.

Nació un miércoles de diciembre en Barcelona, su nombre es Violeta, tiene 7 años, juega con playmobiles y llora cuando su madre la interrumpe para la ducha, lee un libro al mes, a veces dos; le gusta que su madre le acurruque y le cante Mami Blue por las noches. Le gusta el chocolate, cantar, bailar y ver Doraemon. Adora a su abuela y a su tía y a su primo, colecciona cromos y se sale de la raya cuando pinta. Va al colegio y odia que le toquen el pelo y podría seguir escribiendo todas las cosas de blancas que hace.

Inconsciente, se miró en el espejo sin esperar ver nada más que su reflejo y se sorprendió. No recordaba no ser blanca.

Quién eres no viene determinado por tu color de piel, se determina por quién, como, dónde y cuándo te han criado. Eso es lo que te asimila o te diferencia de las demás personas, tus circunstancias, no tu melanina.

Violeta siempre se sintió blanca, quería gritar y decir que ella era blanca, que habían cogido su alma y la habían puesto en un cuerpo que no era suyo, pero no lo hizo.

Y quiso adelgazar sus piernas…

Y quiso alisar su pelo…

Y no tomó el sol durante más de diez veranos…

Y no hablaba con negros..

Y dejaba claro que era blanca…

Pero no era blanca…

Y lo descubrió…

Y lo aceptó…

Y volvió a tomar el sol…

Y decidió hablar con personas, no colores…

Y soltó su pelo… Y no lo alisó más…

Y se dejó claro a ella misma que no era blanca, que no era negra, que era Violeta.

La niña unida en dos, la niña negra, que por sus circunstancias, tendría el corazón de blanca.

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Autor: colectivoefae

EFAE es un colectivo que nace en 2016 como un espacio seguro para mujeres afrodescendientes en España.

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