Reapropiarse del cuerpo

(Foto: Zanele Muholi)
Mi cuerpo ya no era mío. No sé qué era, ni de quién. Pero no me pertenecía, no tenía derecho sobre él.

Esto me obligaron a sellar en mi mente en 2 ocasiones, siendo una niña, forzando el cuerpo asustado en el que vivía. Que dejó de ser mío, para ser de cualquiera.

Ahora vivía en una bolsa, fea y asquerosa, como tódos me decían que era. Oscura, sucia y diferente. ¿Por qué eres así?
Todos tocaban mi cuerpo, que ya no era mío y era una bolsa, sin permiso. Tocaban mi pelo extraño, que parecía una horrible esponja. Tocaban mi piel sucia, con desprecio, queriendo ver si manchaba. 

Me sentía extraña en mí misma. Crecí con el sentimiento de que no me pertenecía a mi misma, que yo era derecho de cualquiera, y no existía viceversa. Yo no podía tocarles, se escapaban y más tarde ni lo intentaba. Este cuerpo no era de nadie, nadie lo quería.

Lo maltraté de muchas formas, me castigué por no ser suficiente, por no ser algo. Negándome cualquier cosa que me hiciese bien y me llenase. Era su culpa, no me aceptaban; era mi culpa, yo tampoco lo hacía. Sabía que no estaba bien lo que hacía con él, pero era lo que nos merecíamos. Y me empezaron a gustar otros cuerpos. Me decían que TENÍA que besar, o tocar, que era lo que había que hacer. Pero eso no fue lo que aprendí. Yo no podía hacer eso, no tenía derecho sobre este cuerpo, ni ninguno. Pensaba, tenía grabado a fuego, como si me hubiesen obligado a repetir la leccion cientos de veces: esto no es tuyo, es de los demas, tú no tienes nada.

La primera vez que alguien intentó besarme, hace no mucho tiempo, ese día me decían que debía besarle, es lo que tenía que hacer. Salía el cartel de neon recordandome que yo no mandaba, si no cualquier otra persona. Estaba asustada, no quería. Me intentó besar y acto reflejo le puse la mano en la cara.

En ese momento, lúcido, este cuerpo que no era mío y era de cualquiera me defendió. Escuchó el miedo que sentía, me protegió de mí. Ese día empecé a ser consciente de él, de cómo usarlo, y de si quería hacerlo. 

Me costaba identificar el sentimiento “esto no es tuyo no puedes oponerte”, y más me costaba actuar.
Hablo en pasado, pero debería hablar en presente. Sigo teniendo miedo a no saber cuándo alguien va a utilizar mi cuerpo, ultra sexualizado, que no gusta, es odiado y no encaja. Tengo miedo a no saber hacerme uno con este cuerpo, cuidarle y cuidarme. Tengo miedo a no saber decir que no, cuando por dentro lo estoy gritando.

Me quitaron de mi cuerpo, e intentan robarlo cada día. Lo que no saben es que estamos aprendiendo a amarnos.

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