Strange Fruit.

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Linchamiento en Indiana.

 

 

Un pequeño ensayo sobre el racismo basado en la canción de Billie Holiday  Strange Fruit en la que se muestra con crudeza lo que nos pasaba durante una de las fases más turbias de la discriminación racial. Tan cruda como puede parecer la foto que acompaña este post fue la realidad.

Se ha acabado ya, dicen.

Son cosas del pasado ¿No te das cuenta de que el mundo en el que vives ha cambiado, que la sangre reseca se ha ido borrando poco a poco?

No.

Ha mutado, en otro monstruo igual de terrible, un monstruo que ha cambiado sus cuerdas por el frio acero de las balas con las que aún nos siguen matando.

Cada día.

Sin tregua.

En el norte o en el sur, en los campos de algodón y en las selvas de hormigón en las que creemos que podemos huir del dolor que llevamos arrastrando desde hace siglos, como las cadenas, no siempre invisibles, que siguen ancladas a nuestros cuerpos.

Ya no nos cuelgan de árboles, pero nos cuelan a tiros, no huele a magnolias, huele a óxido pero permanece la inconfundible esencia del terror.

Es desgarrador, sigue doliendo y por mucho que lo parezca la herida no se ha cerrado, seguimos sangrando, por vuestra culpa, por vuestra culpa nuestra piel se sigue quemando, se sigue pudriendo y sois incapaces de reconocerlo.

El monstruo tiene vuestra cara.

No, no se ha acabado, y no parece que se vaya a acabar en mucho tiempo, aunque sigamos luchando, aunque sigamos suplicando entre gritos de angustia que no nos matéis, que nos respetéis, que somos humanos.

Tenemos voz, aunque nos la hayáis robado durante mucho tiempo, para protestar por nuestra vida, para cantar, aunque nos censuréis en la radio, para reapropiarnos de los términos que usabais contra nosotros con tanto desprecio, para organizarnos, para intentar luchar contra un sistema en el que por el mero hecho de tener un color de piel más oscuro merecemos abusos, esclavitud, que nos arrebaten de nuestras familias, que nos arrebaten nuestra libertad y nuestros derechos impunemente.

No colgamos de los árboles, pero sentimos las raíces dentro de nuestras almas, abriéndose paso como navajas y saliendo al exterior en forma de rabia.

¿Por qué os ofende nuestro odio? ¿Es que acaso os sentís atacados personalmente cuando soltamos veneno? ¿Es que acaso os sentís culpables?

Deberíais.

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